Gilles Larraín: Flow and Control

Gilles Larraín. Self-portrait.

[Published on Qué Pasa on November 19, 2010]

Desde la acera, la ventana parece cualquier otra vitrina de SoHo: una tienda de ropa cara, una galería de pinturas, o el taller de un artista que no tiene nada que esconder. Pero tras la doble puerta gris que marca el número 95 de la calle Grand hay un mundo de definiciones. Fotos en blanco y negro de músicos y bailarines de flamenco casi de tamaño real tapan las paredes. Más allá, retratos de algunos de los personajes del mundo del arte y la cultura más importantes de las últimas décadas: Dalí, Baryshnikov, Mapplethorpe, Norman Mailer, John Lennon, Miles Davis. Y luego, unos metros más adentro, el piso se abre a un loft invertido que crece hacia abajo como una caverna.

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Everything I Know About New York I Learned from Watching ‘Mad Men’

 [Published on Qué Pasa, on September 17, 2010]

EN EL PRINCIPIO ERA DON DRAPER, y Don Draper estaba en Nueva York, y Don Draper era Nueva York. Porque eso en que pensamos cuando pensamos en Nueva York —la ciudad de las luces y el ruido, el mito de Nueva York— está tejido con historias como la de Don Draper. Y es que Mad Men es una serie de televisión sobre muchas cosas —una sociedad viviendo una transformación mucho mayor de lo que ninguno de sus protagonistas puede percibir, el colapso de cierto tipo de machismo, el poder de la sugestión versus el poder del dinero y (cómo no) un desenmascaramiento de esa seudoreligión llamada Sueño Americano— pero antes que nada es la historia de cómo un hombre puede apostar por reinventarse en Nueva York. Cómo el hijo de una prostituta puede apropiarse de la identidad de un soldado muerto y regresar de la guerra como héroe, enamorar a una modelo, saltar de vendedor de abrigos a Rey Midas de la publicidad y conseguir la vida perfecta.

Por un rato, claro.

Y también una tesis de cómo esa historia implausible parece más creíble en Nueva York que en ningún otro lugar. Porque Mad Men nos muestra a Nueva York como la perfecta página en blanco, donde una persona puede reescribirse a sí mismo y vender millones de copias. Y si el producto es bueno (nos divierte, nos enriquece o nos ilumina como hace Draper con sus clientes, socios y amiguitas), convertir a la verdad en un asunto completamente insignificante.

Eso explica la respuesta de Bertram Cooper, socio fundador de la agencia Sterling Cooper, al intento de Pete Campbell de revelar que Don Draper es, por lo bajo, “un desertor, un criminal” (temporada 1 episodio 12). “Incluso si eso fuera cierto, ¿a quién le importa?”, le dice Cooper como quien cachetea a un niño idiota. “Este país fue construido y ha sido manejado por hombres con historias mucho peores de lo que sea que usted se esté imaginando. Le aseguro que ganaremos más dinero si olvidamos este asunto”.

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