A Theology of Google New York

This is the original version of an article portraying Google as a modern day religion published last week on Qué Pasa magazine.

Una teología de Google New York

En el principio. Zanjada la puerta de vidrio que separa la realidad de las oficinas de Google, alguien parece volar sobre la alfombra. Es un tipo de unos 30 años vestido como universitario que procede a estacionar en una ranura plástica la patineta sobre la que se desplazaba. Me mira al brevemente y luego atraviesa la puerta hacia Manhattan. Pero algo en su expresión me dice que ha visto cosas que no imagino ni puedo comprender: él es un Googler.

 

Génesis. Google, la compañía más exitosa e influyente de nuestros apocalípticos tiempos, la que opera milagros tanto en el mundo intangible de Internet como en el templo de los mercados (US$1.640M de ganancias en el último trimestre), recibió su soplo de vida en 1997 en la Universidad de Stanford. El año anterior los doctorandos Sergey Brin y Larry Page se habían dado cuenta que los buscadores de Internet existentes no tenían una jerarquía para ordenar los resultados de búsqueda; eran tan ineficientes que muchas veces ni siquiera eran capaces de “encontrarse” a sí mismos. Su primera revelación fue desarrollar un algoritmo (PageRank) que listara las páginas encontradas en base a criterios como el número e importancia de los sitios que apuntaban a ellas. Y la luz se hizo.

 

(Google, el nombre que quedaría para los libros —el buscador se llamaba originalmente BackRub— les fue revelado por accidente: Page quiso decir “googol”, la gigantesca cantidad de un 10 seguido por 100 ceros, alegoría de la información que pretendía organizar, pero lo escribió mal).

 

Al darse cuenta que habían descubierto un orden posible para el caos de Internet, Brin y Page pensaron en vender su buscador por una buena suma y continuar con sus estudios. Pero las compañías que por entonces reinaban en la red (AltaVista, Yahoo) no tuvieron fe.

 

Sus obras. Google, el buscador todopoderoso. Google, propietaria de YouTube, sitio donde se permiten todo tipo de visiones. Google, multiplicadora de productos gratuitos como Gmail, Google Docs y el navegador Google Chrome. Google News, agregadora de buenas nuevas. Google Earth, el programa que nos deja volar por el planeta como ángeles. Google Maps, que nos muestra el camino y nos permite navegar por ciudades a distancia. Google Translate, el programa que habla en 50 lenguas. La lista, que ya parece interminable, sigue proyectándose hacia el infinito.

 

Los diez mandamientos.  La mayoría de los escritos apuntan a uno solo —su Regla de Oro—, acuñado por uno de los empleados de la compañía y luego revelado a los potenciales accionistas: “No serás malvado”. Se refiere a una filosofía empresarial: no engañarás a nadie para generar réditos; no manipularás la información. Pero Brin y Page escribieron “diez cosas que sabemos verdaderas”, que a la piedra angular agregan máximas como “se puede ser serio sin ocupar traje”, “es mejor hacer una sola cosa muy, pero muy bien” y “muy bueno no es lo suficientemente bueno”. Es decir, haz el bien, apunta al cielo y despéinate en el camino.

 

El exégeta. Jeff Jarvis, gurú de los nuevos medios, vio lo que hizo Google y le pareció bueno. Entonces tuvo una visión: subvertir la máxima de los cristianos estadounidenses para resolver dilemas diarios (¿Qué haría Jesús?) y escribir un libro resumiendo su credo para los tiempos que vivimos: “¿Qué haría Google?”.

 

Éxodo. El neocelandés Craig Nevill-Manning, Director de Ingeniería de Google New York dejó su trabajo de profesor en la Universidad de Rutgers, Nueva Jersey, para unirse a Google en 2000. “Pero no estaba muy entusiasmado con California, la verdad”, dice sobre trabajar en Googleplex, el gigantesco cuartel general de la compañía en Mountain View. Hasta entonces, Google tenía oficinas en otros lugares, pero ninguna con centro de ingeniería. “Tras un par de años, comencé a impulsar la idea de volver a la Costa Este, y en 2003 me dijeron que viera si podía contratar unos 15 ingenieros en Nueva York”. Hoy son unos 750, parte de los cerca de 1.500 empleados de la filial. Para 2005 mudaron sus operaciones al 111 de la Octava Avenida, un edificio que abarca el equivalente a dos canchas de fútbol. En él la compañía arrienda más de 28.000 m2.

 

No sólo de bytes. Las oficinas de Google New York son parte sueño infantil, parte universidad para genios. Entre los computadores y las patinetas hay cafeterías (Nevill-Manning me prepara un capuchino con una perfecta hoja dibujada sobre la espuma: “¡Aprendí con YouTube!”), gimnasio, clases de yoga, guitarras del videojuego Rock Band, salones de lectura, sofás y pelotas medicinales. Todo está pensado para estimular la creatividad y facilitar la comunicación: los paneles que separan los cubículos de algunos ingenieros a mediana altura permiten lanzar preguntas a viva voz; las salas de reuniones, equipadas con todos los utensilios básicos para trabajar sin tener que pararse (lápiz, papel, Post-its); las puertas de las oficinas sirven como pizarrones para explicar ideas; el pasillo aloja más pizarrones para resolver problemas en común.

 

Apócrifa. “Eso es completamente falso”, me dice Nevill-Maning abriendo una sonrisa en su barba de candado acerca de las versiones de que Google New York está en el antiguo edificio de la Autoridad Portuaria a causa de la suerte de autopista de las telecomunicaciones que aloja debajo de él. Algunos han aventurado que el plan maestro de Google sería aprovecharla para proveer nuevos servicios a grandes compañías, o incluso seguir creando la red de computadores más grande de la historia. “Es cierto que muchos de los cables de fibra óptica de Europa terminan en este edificio”, agrega. “Pero la verdadera razón por la que nos instalamos aquí es bastante más aburrida: por su superficie, que nos ayuda tanto para el cableado como para tener a mucha gente trabajando en el mismo nivel. A veces, una escalera te incita a no subir a hablar con quien está en el piso de arriba. Y también estamos aquí para capturar talento. Por otro lado, Chelsea es un barrio en el que la gente puede vivir, trabajar y comprar: estamos aprovechando todas las ventajas de Nueva York”.

 

La profecía. Y creo que esto ya se dijo, pero a Google lo prefiguró Borges. No sólo Google (el buscador, los servicios Maps y Earth) como el Aleph, el lugar donde puede vérselo todo simultáneamente, sino Google (el buscador, el traductor, el proyecto de digitalizar catálogos de libros completos) como la Biblioteca de Babel, la colección “total” que en sus anaqueles registra “todas las posibles combinaciones de los veintitantos signos ortográficos o sea todo lo que es dable expresar en todos los idiomas”. Y aquí es donde también nos conviene recordar las reacciones de los mortales ante semejante descubrimiento: la “extravagante felicidad” inicial de que existiera en algún rincón de la Biblioteca la solución para todos los problemas, incluyendo el origen de la propia Biblioteca y el tiempo; la depresión posterior ante la realización de que los libros con las respuestas son inaccesibles; la aparición de buscadores (!) y sectas purificadoras; los cultos, las epidemias, las peregrinaciones, los suicidios.

 

Salvación. Google New York ha desarrollado productos como Google Maps y las hojas de cáculo en línea. Pero la misión principal es hacer más veloz su buscador. “Nos gusta decir —medio en broma, medio en serio— que nuestro negocio es el de salvar vidas: lograr una reducción de 10 milisegundos en el tiempo de respuesta es un gran avance”, dice Nevill-Manning entornando sus pequeños ojos azules. “Ese tiempo que te ahorramos se va sumando, y luego lo puedes ocupar en hacer otras cosas: estamos regalándote tiempo de vida”.

 

Epifanía. De vuelta en mi despacho, prendo el computador. Y tal como he visto a tanta gente hacer en el último tiempo, le formulo a Google una pregunta completa: sujeto, predicado, signos de interrogación. Sólo que la mía tiene que ver con el principio y el final.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

w

Connecting to %s